Campeones de mundo… ¿Y?
El 11 de julio de 2010 España entera tembló gracias a la potencia y acierto de la derecha de Iniesta. En una prorroga inacabable, y después de 90 y pocos minutos de lucha ante un equipo, el holandés, desmesuradamente agresivo ante el sutil juego ibérico, la roja se alzo como lo que es, una de las grandes selecciones del futbol, y por primera vez en su historia se convirtió en la campeona del mundo. Nunca tantas banderas han ondeado en la península, y aun fuera de ella, como en estos meses atrás. Camisetas, coches, balcones, canciones, en la televisión, en los bancos, en los cartones de leche, incluso en las caras de la gente que, en condiciones normales ni siquiera soportaría ver un partido, pero hoy si, dicen, que hoy juega España y podemos ser los campeones del mundo.
Y lo somos. Y ahora, ¿Qué?
La mañana después del partido conduzco a través de mi cuidad y no soy capaz de ver un rostro que hable de victoria. Todo sigue siendo igual de triste, solo que hoy la tristeza está teñida de rojo y amarillo porque ahí siguen las banderas. Pero eso es todo. La victoria de España no ha hecho que la gente viva mejor, no les ha ayudado con la hipoteca, o con el colegio de los niños, no ha traído paz a nadie, ni ha conseguido que alguien deje de robar o de odiar.
Pienso, que la semana que viene, ciertamente, estará de moda cualquier otra cosa igual de absurda y la gente volverá a pintarse la cara de verde fosforito si hace falta. Es la inconstante corriente de la muchedumbre la que arrastra los corazones de los hombres de un lugar a otro en Busca de metas invisibles y de deseos vacios. Que los agota mientras gastan los días que quedan de vida luchando por conseguir cosas que, al final, no cambian sus vidas; toman montañas que son en realidad colinas; o conquistan paraísos que al final son solo desiertos o compran exclusivos Ferrari que no tienen motor.
Me detengo en un semáforo. Y si Jesús tenía razón cuando pregunto: ´´¿Qué aprovechara el hombre si ganare todo el mundo, y perderé su alma?...´´ (Mateo 16:26 La Biblia) y mirando la cara de una señora cruzando el paso de peatones me digo, los ojos de un pecador arrepentido brillan con la luz del perdón divino eternamente. La victoria de Cristo sobre la muerte cuando fue crucificado en la cruz y a los tres días resucitado por Dios Padre tiñe los corazones de rojo sangre para siempre, y las vidas cambian para siempre, y aun más lejos, viven siempre en victoria. Pienso que nuestras vidas valen más que una estatuilla o que el sentimiento por ver a Casillas llorar de emoción, y que como criaturas de un Dios Todopoderoso nos contentamos con demasiado poco, porque el mundo entero para Dios vale menos que tu alma.
Acepta a Cristo en tu vida y vive con una victoria eterna, con El jugando en tu equipo, serás un verdadero campeón del mundo.